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SIERVOS O AMIGOS: Capitulo 8

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COMO LOS SIERVOS Y LOS AMIGOS

MIRAN EL PECADO Y LA SALVACION

El concepto que las personas tienen de Dios, y de la manera como él usa la ley, parece afectar notablemente la manera en que ven el pecado y el plan de salvación.

Mi abuelo no disimulaba la posición que él mantenía respecto al pecado. Estaba plenamente dedicado a su exposición y erradicación. Además trabajaba con todos fielmente para prevenir el pecado, incluso conmigo.

Han pasado ya más de 55 años desde que hablé la última vez con abuelito, caminando con él por el prado, o sentado con él frente al fogón. Pero aún recuerdo cómo la conversación regresaba vez tras vez al tema del pecado.

“ ‘El pecado es la transgresión de la ley’ ”, me hacía recordar abuelito, mientras su barba agregaba solemnidad a la expresión de esas venerables palabras de la Antigua Versión de la Biblia.

“Sí, abuelito, recuerdo que ya me dijiste eso antes”.

“¿Y dónde se encuentra ese versículo en la Biblia?”, me preguntaba.

“Primera de Juan tres, versículo cuatro”, respondía yo, para su gran satisfacción.

“¿Ahora, a qué ley se refería Juan?”, continuaba abuelito. “Ya que, naturalmente, se refería a la ley de los Diez Mandamientos, eso quiere decir que es pecado quebrantar una de esas diez reglas.”

Seguidamente el abuelito repetía este serio versículo del libro de Santiago, “ ‘Por lo tanto, el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, comete pecado’.1 Sabemos lo que les sucede a los pecadores, ¿verdad?” Abuelito comenzaba así su conclusión. “Sabemos que los pecadores que no se arrepienten no entrarán al reino de los cielos”.

Mi abuelo podría haber escogido mencionar algunas cosas más horripilantes descritas en la Biblia como el destino de los desobedientes. Pero también creía en todos los versículos que describen a Dios como amor, y que presentan a Jesús diciendo que quería que los niños vinieran a él. Así que elegía mencionar solamente que a los pecadores no les será permitido compartir los goces del más allá.

Yo quería mucho a mi abuelito. Era bondadoso y generoso, y obviamente hubiera preferido morir antes que pecar. Estaba plenamente dedicado a servir a Dios y a cualquiera que estuviese necesitado. Era el tipo de vecino que uno buscaría para vivir en la casa de al lado para no tener que cerrar con llave la casa. Mi anhelo era crecer para llegar a ser tan bueno como mi abuelo.

Aun cuando asistía a un colegio superior a nueve mil kilómetros de distancia, mi abuelito solía escribirme cartas, y cada una de ellas contenía instrucciones y exhortaciones destinadas a evitar que me desviara de las sendas de justicia.

 

Una visión más amplia del pecado

Fue en ese colegio donde comencé a interesarme por leer y entender la Biblia como un todo. Me ayudó el hecho de que tenía algún conocimiento de las lenguas en las cuales la Biblia fue primeramente escrita. Llegué a comprender que la Biblia no siempre describe el pecado como simplemente quebrantar reglas.

En esa definición tan usada de 1 Juan 3:4, la expresión que se ha traducido “transgresión de la Ley”, puede también traducirse “sin ley” o “licencia”. Esto podría indicarnos que primeramente el pecado es una actitud o estado mental de rebelión, una hostilidad hacia Dios y su ley, que a la vez nos lleva a realizar este o aquel acto de desobediencia. La versión Dios Llega al Hombre, 1966, traduce así este texto, “pero todo el que comete pecado falta a la ley de Dios, pues pecar es faltar a la ley”, y la versión Félix Torres Amat, 1946, “. . . pues el pecado es injusticia”.

 

La obediencia que resulta de la confianza

En la introducción a su carta a los creyentes de Roma, Pablo expresa su convicción de que había sido comisionado especialmente para fomentar una nueva clase de obediencia. Había de ser una obediencia diferente a la que él prestaba antes de haberse encontrado con Jesús en el camino a Damasco. Era lo que él literalmente denomina “obediencia de fe”, “obediencia de confianza”.

“Obediencia legal” era lo que Pablo practicaba antes con tanto celo, pero no estaba conforme con los resultados. Lo había hecho intolerante hacia otros, y aún cruel. La “obediencia legal” lo había llevado a violar todo el espíritu de la ley de Dios, la ley de amor.

Pero ahora que Pablo insiste en una “obediencia de fe” u “obediencia de confianza”, ¿está Pablo dejando de lado la ley? “¡De ninguna manera!” exclama Pablo. “Al contrario, confirmamos la ley”.2 El Nuevo Testamento y Salmos, Biblia de Estudio, 1990, rinde así este pasaje: “Más bien afirmamos el valor de la ley”.

Un valor real de la ley ha sido “servir de tutor para llevarnos a Cristo”. Pero el lugar principal donde ha de estar la ley es el que menciona Jeremías, y Pablo está de acuerdo con el profeta. Lo que la ley requiere puede ser escrito en el corazón, el mismo lugar que Pablo, hablando con los romanos, localiza como el punto donde la conciencia es activa y donde las personas procesan sus pensamientos.3

“Obediencia de confianza” es el tipo de obediencia que resulta de “conocer” a Dios, en el sentido pleno de la palabra. Proviene de conocer la verdad acerca de él y acerca del uso que da a la ley. Resulta de reasegurarse que es el Amigo en quien se puede confiar, y de admirarlo por su trato sabio y lleno de gracia.

Esto significa que el Espíritu de Verdad ha escrito la ley “en nuestros corazones”. Ahora hacemos espontáneamente lo que la ley manda, no porque se nos ha impuesto que lo hagamos, sino porque estamos convencidos que lo que la ley requiere es lo correcto.

La obediencia que nace de la convicción

Creo que Pablo está diciéndoles a los creyentes en Roma, que obrar sin esta convicción o en contra de ella es pecado. “Pues todo lo que no precede de la fe, es pecado”, es la traducción literal de sus palabras.4

Uno de los significados de la palabra comúnmente traducida como “fe”, “creencia”, o “fiar” es convicción. En la definición de fe que se cita tanto y que se halla en Hebreos 11:1, la fe se describe como “la demostración de las cosas que no se ven”; el significado literal de la palabra griega que se usa originalmente aquí es, “la convicción”.

Por lo que Pablo ha estado tratando en el capítulo 14 de Romanos, se deduce que en el versículo 23 él está usando la palabra “fe” en el sentido de “convicción”. Por eso la versión Dios Llega al Hombre, 1966, dice: “y todo lo que no se hace con convicción es pecado”.

No parece difícil concebir que el obrar contra la convicción personal es pecado. No es que una persona que obra así está en un problema legal con Dios, pero cuando uno viola su conciencia se debilita la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Una persona tal carece de integridad y no se puede confiar en ella.

Esta no es la conducta que sigue un amigo en quien se confía. El costo de no seguir nuestras convicciones es muy grande.

Pero parece que Pablo está advirtiéndonos que el proceder sin convicciones personales es también pecaminoso e incorrecto. “Cada uno esté plenamente convencido en su mente”, nos insta el apóstol en Romanos 14:5. ¿Cómo puede ser que se considere pecado el rechazar esta generosa invitación?

El no aceptar la libertad y responsabilidad de hacer nuestras propias decisiones, y el apoyarnos en otros en busca de dirección moral, nos hace más vulnerables a las influencias perniciosas. Tal persona viene a asemejarse a los que Pablo describe como “niños fluctuantes, llevados por cualquier viento de doctrina”.5 Santiago está de acuerdo con Pablo cuando dice que “es semejante a la ola del mar, que es movida por el viento y echada de un lado al otro . . . de doble ánimo . . . inconstante en todos sus caminos”.6

Lo más serio es que, como el infante descrito en el libro de Hebreos, sus “sentidos” no han sido “ejercitados para distinguir entre el bien y el mal”.7 Al no haber ejercitado la habilidad dada por Dios para tomar decisiones por sí misma, la persona ha dañado el centro que produce los pensamientos, el sitio donde el Espíritu de Verdad realiza su obra más esencial.

En una persona así, tan inestable, no se puede confiar como en un amigo de confianza. Así como son los resultados de obrar en contra de nuestras convicciones, así también es el alto costo de no formar nuestras convicciones.

El pecado de Moisés frente a la roca

Poco tiempo antes de que el pueblo de Israel cruzara el Jordán para entrar en Canaán, el buen amigo de Dios, Moisés, cometió un pecado tan serio que no se le permitió entrar con ellos en la Tierra Prometida.

De nuevo el pueblo se volvió rebelde por la falta de agua. “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto, para traernos a este mal lugar?”, se quejaron. Moisés y Aarón llevaron el caso a Dios. “ ‘Toma la vara, y reúne a la congregación. Y tú y Aarón tu hermano, hablad a la roca a la vista de ellos, y ella dará agua’ ”.

Moisés y Aarón juntaron al pueblo. Pero Moisés no siguió el resto de la instrucción del Señor. Se sentía todavía demasiado provocado a ira por las quejas de ese pueblo tan ingrato.

“¡Oíd rebeldes!”, gritó Moisés con enojo, “¿Os haremos brotar agua de la roca?” Entonces Moisés levantó el brazo e hirió la roca  os veces con su vara. El agua fluyó, y el pueblo y todo el ganado bebieron.

“El Eterno dijo a Moisés y a Aarón: ‘Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme ante los israelitas, por eso no introduciréis a esta congregación en la tierra que les he dado’ ”.8

Moisés le rogó a Dios que reconsiderara su decisión. “ ‘Te ruego que me dejes pasar y ver esa buena tierra que está al otro lado del Jordán’ ”. La verdad es que rogó tanto, que finalmente Dios tuvo que decirle claramente a su viejo amigo, “ ‘Basta ya, no me hables más de esto’ ”.9

Antes de subir al Monte Nebo para morir, el Señor le hizo recordar a Moisés cuál era el mal tan serio en la conducta de él y Aarón, un error tan grave como para negarles una recompensa por sus 40 años de fieles servicios. Me pregunto cómo se habrá sentido Moisés al escribir esto para que las generaciones siguientes lo leyeran.

“Por haberme sido infiel en medio de los hijos de Israel, por no haber manifestado mi santidad en medio de los hijos de Israel”.10 Moisés se había esforzado más de lo común para proteger la reputación de Dios. Recuerden cómo le aseguró al pueblo que no había nada que temer de Dios. Recuerden que se animó hasta aconsejar a Dios que no lastimara su propia reputación. Ahora había fallado. Había sido “infiel”. No había permitido que Dios se revelara ante Israel como Dios quería que lo vieran ese día.

A punto de entrar en Caanán, con todos los peligros que involucraba, era indispensable que el pueblo confiara implícitamente en Dios si quería sobrevivir. Pero en aquel momento, allá en el desierto, el pueblo estaba con un espíritu hostil y desconfiado. ¿Cómo haría Dios para persuadirlos a cambiar sus ideas y confiar en él para su protección?

Como Pablo explicaría años más tarde, es la bondad de Dios lo que nos guía al arrepentimiento y a confiar en él.11 Ese día Dios había escogido dar a su pueblo toda el agua que quería, aunque no la merecía. Nada de enojo. Nada de condenación. Nada de corrección. Simplemente un flujo abundante de agua.

Me hubiera gustado que el registro indicara que algunos de los corazones fueron conmovidos. Pero Moisés había confundido lo que Dios estaba buscando. En su enojo e impaciencia, había representado mal a Dios. Años antes, el pueblo le había pedido a Moisés que fuera su mediador, que se interpusiera entre ellos y la ira de Dios, y que fuera su portavoz ante Dios. Si ahora aun el manso Moisés estaba airado con ellos, sin duda Dios estaba furioso.

Cuando el pueblo supo que Moisés había sido proscrito de Caanán, tendrán que haberse quedado confundidos con la severidad del castigo. Los oigo decir, “¿Qué habrá hecho el viejito? ¿Por qué no ofrece un sacrificio y pide perdón? Así Dios, después de todo, lo va a dejar entrar”.

Pero Dios ya había perdonado a su viejo amigo. Moisés sin duda estaba horrorizado por lo que había hecho. En mi imaginación puedo escucharlo clamando, “Mi Dios, estoy muy apenado de que te representé mal. Pero por tu gracia, oh Dios, ¿podemos seguir siendo amigos?”

El Señor sabía que aun cuando lo tratara tan severamente, su amistad no estaba en peligro. El sabía que Moisés, como un amigo, lo entendería. Dios ha dejado registrado para el universo entero que no hay nada más serio entre amigos que chasquear el uno al otro. No hay pecado más dañino que la mala representación de la verdad acerca de Dios hecha por un dirigente de influencia.

El Señor estuvo con Moisés en el Monte Nebo cuando murió.12 Más tarde lo resucitó y habló cara a cara con él en el Monte de la Transfiguración. Dios y Moisés siguen siendo buenos amigos.13

 

El pecado como un problema legal

La idea de que el pecado se entienda como una falta de fidelidad, un quebrantamiento de la confianza, no es una preocupación primaria para siervos, es decir, siervos en el sentido que Jesús usó la palabra en Juan 15:15.

Les explicó a sus discípulos que “el siervo no sabe lo que hace su señor”. Siente que no es de su incumbencia entender lo que hace su señor. Su deber es hacer lo que se le manda y obedecer los reglamentos, no importa si él está de acuerdo o no con ellos.

Los creyentes que piensan y obran como siervos tienden a preocuparse de la posición legal que mantienen con su Señor y Maestro, de cómo agradarlo y cómo evitar dificultades. Consideran el pecado primordialmente como el hecho de quebrantar las reglas. Entienden que si cometen tales transgresiones atraerán la ira de Dios y estarán metidos en serios problemas legales. Si no media algo para quitar su culpa, se les impondrán penalidades legales. Por la menor infracción de la ley, la penalidad es nada menos que una dolorosa ejecución, o aún la tortura eterna.

Algunos “creyentes siervos” están tan acostumbrados a este tipo de gobierno que lo defienden fervorosamente, y en el nombre de la justicia, de acuerdo a su comprensión de la palabra. Ellos aceptan que en las cortes legales civilizadas, la justicia nunca justifica la tortura, pero en el gobierno de Dios puede ser otra cosa.

“Al fin —dice el siervo— ¿quién eres tú para poner en duda los caminos inescrutables de Dios? Como un siervo bueno y fiel, simplemente inclina tu cabeza y cree. Un tratamiento tan temible en las manos de Dios, no solamente es lo debido pero debe ser al fin un tratamiento de amor”.

Hace pocos días oí a alguien repetir esto mismo. Sin duda era el tipo de creyente que calificaría para ser llamado “buen siervo fiel”. Siguió diciendo: “La ley y la justicia de Dios, y la santidad de su propio carácter y gobierno, requieren de Dios que no sólo destruya a los que se oponen a su voluntad, sino que los castigue con sufrimiento por un tiempo apropiado”.

Cuando le pregunté cómo podía considerar un castigo tan inhumano algo amoroso, me replicó, “¿No crees las Escrituras? La Biblia dice que Dios es amor. Eso significa que, aunque sea un contrasentido para nosotros, todo lo que Dios haga tiene que ser hecho por amor”. Me hizo recordar de nuevo la leyenda del parachoques ya mencionado.14

 

“Tu Dios es demasiado bondadoso”

He escuchado a algunos siervos acusar a los amigos por la falta de un sentido agudo de justicia. Que no dan lugar en su entendimiento para un Dios que ejecute castigos justos y necesarios. Que este Dios de ellos es demasiado débil y bondadoso. “Es un Dios blanducho”, me dijo un siervo.

La verdad es justamente lo opuesto. Los “creyentes amigos” tienen gran preocupación por un sentido de rectitud, que es el significado literal de la palabra griega traducida a menudo por “justicia”. Proviene de la palabra latina que usaron cuando tradujeron del griego.15

Los amigos de Dios admiran su rectitud y quisieran ser como él. Naturalmente, hacer lo correcto es hacer lo justo. Pero los siervos tienden a pensar en la justicia en términos de retribución y castigo.

“Encuentro consuelo en la idea de que algún día Dios retribuirá a los que me han dañado tanto”, decía un creyente. “Entiende bien, no estoy pidiendo venganza, solamente estoy pidiendo justicia”.

Recientemente, un asesino de muchas personas que había sido increíblemente cruel, fue sentenciado a muerte en la silla eléctrica. Al acercarse la hora de su ejecución se juntó un grupo fuera de la prisión. Se escuchó que algunos muy religiosos gritaban: “¡Arde, Bundy, arde!”

Más tarde algunos de ellos hasta se quejaron de que no era justo que Bundy hubiera sufrido tan poco tiempo. La justicia no había sido satisfecha. Pero se consolaron con la idea de que algún día, bajo las manos de Dios, se haría plena justicia. Bundy ardería por la eternidad.

 

La destrucción no disciplina al destruido

Los amigos entienden la necesidad de castigo. Saben que Dios disciplina a los que ama. El propósito de la disciplina es la corrección y la instrucción, y los amigos confían en que Dios los disciplinará cuando lo necesiten. No se irritan bajo esa disciplina, en tanto que el siervo es más propenso a hacerlo. Saben que la disciplina de Dios es siempre para su mayor bien. “Gracias, Dios, yo necesitaba eso”, es la respuesta agradecida de un amigo.

Pero la destrucción no es disciplina. La destrucción no disciplina al destruido. Y el prolongar el dolor de la ejecución, nada le enseña; su vida terminó.

¿Extendería Dios el sufrimiento simplemente para decirles algo a los observadores? ¿Acaso los santos en el reino, mientras contemplan la agonía de los perdidos, estarán diciéndole al Padre celestial, “Gracias, Señor, necesitábamos eso; la justicia demanda que sean castigados así, y nosotros necesitábamos verlo; además, si eso es lo que haces con los pecadores, puedes contar con nosotros para ser tus obedientes siervos por la eternidad”?

Esa sería la obediencia que nace del temor, la obediencia de siervos temblorosos quienes hacen simplemente lo que se les manda. No sería la libre cooperación de amigos comprensivos, que tanto desea Dios. ¿Y qué piensas que estarían diciendo los amigos de Dios mientras contemplasen la muerte de los malvados?

 

Cómo ve el siervo la salvación

Según el concepto que tiene el siervo del pecado y de la penalidad impuesta divinamente, la salvación es considerada la provisión misericordiosa de Dios mediante la cual la condición legal del siervo culpable puede ser cambiada para que no necesite ser ejecutado por su culpa.

En qué forma la muerte de un sustituto inocente hace posible este ajuste, no es de seria incumbencia para el siervo. Todo lo que él desea saber es si su Maestro está satisfecho y si su ira justa acerca de la maldad del pecador ha sido aplacada, o “propiciada”.

 

Palabras especiales

¿Conoces el significado de la palabra “propiciada”? Hace años mi hija mayor volvió a casa de la clase de Biblia repitiendo el versículo de memoria para esa semana. Era Romanos 3:25, como se halla en la Antigua Versión Reina Valera.

“ ‘Al cual Dios ha propuesto en propichiación por la fe en su sangre’ ”, comenzó mi hija.

“Eso no se pronuncia ‘propichiación’ ”, interrumpí yo. “Es ‘propiciación’, y deletreé lentamente la palabra”.

“No, Papito, no es así —replicó Lorna con indudable seguridad—. Mi maestra dice que se pronuncia ‘propichiación’ ”.

“Está bien”, concedí yo por el momento, “pero dime, ¿qué significa esa palabra ‘propichiación’ ”?

“Oh, no necesitamos saber eso, Papito. Solamente necesitamos saber el versículo de memoria, porque así podemos conseguir una estrella dorada en nuestro registro”.

Me acordé entonces de la historia que a veces se cuenta de la ancianita que le dijo a su pastor que había en la Biblia una palabra que llenaba su alma de inspiración.

“¿Y cuál es esa hermosa palabra?” preguntó el pastor.

“¡Oh —contestó la ancianita con radiante rostro— ¡es esa maravillosa palabra Mesopotamia!”16

Una de las características del concepto que el siervo tiene del pecado y la salvación es el uso de términos y frases que los amigos consideran “palabras oscuras”. Algunos son “justificación”, “santificación”, “expiación”, y por supuesto “propiciación”.

Quizás ayude saber que estos términos actuales nunca fueron usados por los autores de los libros de la Biblia. Aun Pablo nunca uso la palabra “justificación”, término por el cual lo conocemos tanto. Esta palabra deriva del latín. Pablo escribió sus epístolas en griego. Y el griego puede ser traducido usando palabras más sencillas de las que aparecen en la mayoría de las versiones. Traducciones recientes en muchos idiomas en todo el mundo han ayudado mucho para aclarar y hacer más comprensibles las palabras de la Biblia.

 

Frases sagradas

Frases antiguas tan familiares como “lavado en la sangre”, “hay poder en la sangre”, “cubierto por su justicia”, “aceptado en el Amado”, “salvado por la sangre del Cordero”, y muchas otras, seguramente pueden clasificarse bajo “palabras oscuras”. Con esto no se está diciendo que su significado no es de gran importancia. En ninguna manera. ¿Pero, realmente, qué significan estas frases? Procura explicarle a un niño a quien se le acaba de lavar la sangre de su rodilla lastimada, lo que significa ser “lavado en la sangre del Cordero”. Creo que es una prueba significativa de nuestra propia comprensión de esa frase el poder explicarle a un niño lo que son el pecado y la salvación.

En la clase de religión cierto día le pedí a un estudiante de medicina que explicara por qué tuvo que morir Jesús. Sin titubeo alguno contestó: “Porque ‘sin derramamiento de sangre no se hace remisión’ ”, citando ese famoso versículo del libro de Hebreos, como está traducido en la Antigua Versión Reina-Valera.17 Se acomodó luego en su banco, como si nada más pudiera agregarse.

Pero continué, “¿Quiere eso decir que si no hubiera habido derramamiento de sangre, Dios no podría haber perdonado a los pecadores?”

“¿Por qué no puede aceptar la Biblia tal como se lee?” me respondió con cierta nerviosidad. “¿Por qué siempre tiene Ud. Que confundir las cosas preguntando acerca de su significado?”

¿No hablan así los siervos?

 

El concepto que tienen los amigos de Dios

El hecho de que los amigos de Dios no se sienten tan preocupados por su situación legal no significa que no le dan importancia al pecado. Precisamente lo contrario es la verdad. Los siervos están preocupados en no quebrantar las reglas, mientras que a los amigos les preocupa no socavar la confianza y dañar su relación con Dios. Más que nada están preocupados por cualquier cosa que podría representar mal a Dios, estén o no los detalles indicados en la ley. Los amigos entienden la salvación como el sanamiento del daño que ha sido hecho. Y el daño producido por el pecado, si no se lo sana, es nada menos que fatal. Una conducta desordenada e irresponsable, si se persiste en ella, puede destruir la capacidad para la confianza y la confiabilidad.

Para el siervo, lo que hace más peligroso el pecado es que produce la ira de Dios.

Para el amigo, lo que hace más peligroso el pecado es lo que le hace al pecador. Al persistir en el pecado, se destruye a sí mismo.

 

El pecado es como el veneno

Si tuvieras que guardar un veneno potente en tu casa, ¿dónde lo guardarías? ¿Donde los niños podrían hallarlo fácilmente? ¿O en el estante más elevado del garage?

Les adviertes severamente a los niños: “No deben tocar en ningún momento ese veneno. Ni se acerquen a ese estante. Si me desobedecen, les castigaré severamente”.

Un tiempo más adelante oyes un ruido ominoso de algo que se cae y se rompe. Corres al garage para encontrar a tu niño en el suelo con la botella rota a su lado.

¿Que le harías a tu niño que se está muriendo? El te ha desobedecido. ¿Se te ocurriría, siquiera por un segundo, que debe ser castigado con la muerte? Ya se está muriendo.

Sabes que el veneno obra con rapidez. No tienes mucho tiempo. ¿Gastarías preciosos momentos regañándole por su desobediencia? ¿Insistirías en que debe arrepentirse y decirte que lo siente? ¿Acaso el perdón impediría su muerte?

Corres para traer el antídoto. Pero tu hijo se niega a tomarlo, y tristemente lo ves morir.

¿Qué fue lo que causó su muerte? Tú lo amabas. Tú lo perdonaste. Le ofreciste el antídoto. Sin embargo murió.

Los amigos de Dios no ven el pecado como un problema legal. Lo ven como un veneno que los está matando. Y entienden el plan de salvación como el antídoto que Dios está ofreciendo.

¿Pero qué sucederá si nos negamos a aceptar el antídoto? ¿Qué sucede con los que rechazan la oferta de salvación?

 

 

1. Santiago 4:17.

2. Romanos 3:31.

3. Ver Romanos 2:15.

4. Romanos 14:23.

5. Efesios 4:14.

6. Santiago 1:6–8.

7. Hebreos 5:13,14.

8. Números 20:8–12.

9. Deuteronomio 3:23–26.

10. Deuteronomio 32:51. BIBLIA DE JERUSALÉN.

11. Ver Romanos 2:4; 10:17.

12. Ver Deuteronomio 34:1–6.

13. Ver Mateo 17:3; Marcos 9:4; Lucas 9:30.

14. “¡Dios lo dijo!, ¡Yo lo creo!, ¡Eso basta!”

15. Latín, “justitia”.

16. Mesopotamia es mencionada varias veces, como en Génesis 24:10, y Hechos 7:2.

17. Hebreos 9:22.

 

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